domingo, 9 de diciembre de 2007

El rol del padre en los primeros días


Cuando el padre participa activamente en los cuidados tempranos de su hijo hace algo muy importante: cultiva el apego, fundamental para el desarrollo cognitivo y emocional del niño, y genera con él un vínculo fuerte, que con el tiempo se traducirá en una buena comunicación entre padre e hijo.
Con la colaboración del Dr. Luis Herrera N.
Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Clínica Las Condes


Matías Carrere (32) asegura que el momento más emocionante de su vida fue cuando recibió a su hija Elisa, hoy de un año y medio, en sus propias manos al nacer. "Me enamoré inmediatamente de ella", dice.

Ya en el embarazo, Matías quería vincularse con su guagua y todas las noches le hablaba al vientre de su mujer. Luego del nacimiento, a causa de una ictericia que hizo que su hija permaneciera una semana más en el hospital, tomó un rol muy activo en sus cuidados: "Mi señora estaba con mucha pena por no poder traer a la Elisa a la casa, por lo que era importante que yo la apoyara. Íbamos cada cuatro horas a verla, cuando le tocaba tomar leche. Yo la tomaba en brazos, la mudaba. Si hubiera podido amamantarla yo mismo, lo habría hecho", dice Matías.

El doctor Luis Herrera, obstetra de la Unidad Materno Fetal de la Clínica Las Condes, señala que los padres de hoy tienen más oportunidades, en términos afectivos, que los papás de generaciones pasadas para vincularse con sus hijos. "Vienen con su mujer a las ecografías, están con ellas en el parto y, además, tienen derecho a tomar días de posnatal. Esto último es un avance tremendo que favorece mucho el apego del niño", señala el doctor.

La teoría del apego, formulada por el psiquiatra inglés John Bowlby, sostiene que los vínculos de apego son importantes durante toda la vida, pero especialmente en la niñez temprana, y tienden a influir de manera relevante en el desarrollo de la personalidad. El estado de seguridad o zozobra de un niño está determinado en gran medida por la accesibilidad y la capacidad de respuesta de la figura de afecto, generalmente la madre, pero también el padre u otra persona a cargo de los cuidados de la guagua que ejerza este rol. "Se ha constatado que los niños que logran un buen apego con sus padres tienen un mejor desarrollo afectivo y cognitivo. El apego tiene que ver con la seguridad, la confianza y el amor que todo niño requiere para crecer bien", explica el médico.

"Si bien cuando hablamos de apego nos concentramos en la mamá, el padre tiene mucho que aportar. Por ejemplo, hemos observado que al acompañar a la mujer en el parto, el marido ayuda a que el proceso sea más corto, tranquilo y acogedor. Cuando participa en el nacimiento se compromete mucho más con su mujer y su hijo, son más tolerantes y pacientes y están más dispuestos a atender a ese niño", dice el doctor Herrera.

Al acudir pronta y serenamente a atender a su hijo que llora, al acariciarlo y mudarlo desde los primeros días, el padre está estableciendo un vínculo sano y poderoso. "Los beneficios de un buen apego duran toda la vida. Un niño bien apegado se adapta mejor socialmente y se comunica bien con sus padres a lo largo de toda la vida", precisa el doctor Herrera.

Otro de los beneficios del cuidado activo del padre hacia el hijo es que se considera un factor protector de la depresión posparto femenina.

"Sé todas las cosas de la Elisa: cuál es la temperatura a la que se toma la leche, con qué juguetes le gusta meterse a la tina cuando se baña. La acuesto, juego a la pelota con ella, le doy los medicamentos si está enferma. Cuando llego del trabajo, la Elisa corre a abrazarme. Siento que para ella los brazos del papá son tan seguros como los de la mamá”, dice Matías Carrere.

Artículo publicado en la revista Vivir Más en septiembre de 2007

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